Reconstrucción brutalista
El Hotel InterContinental, un emblema del modernismo checoslovaco construido entre 1968 y 1974, ha renacido tras décadas de decadencia. Símbolo de maestría artesanal y cultural, el ícono brutalista sufrió años de abandono y una desafortunada renovación en la década de 1990.
El antiguo Hotel InterContinental fue el primer hotel internacional de cinco estrellas de Checoslovaquia. Diseñado en estilo brutalista bajo la dirección de Karel Filsak, el edificio integraba arquitectura, diseño y arte en un todo armónico. Al inaugurarse, simbolizó la creatividad y la destreza artesanal del país, siendo además la primera inversión estadounidense en el bloque oriental. Rápidamente se convirtió en un emblema de modernidad, lujo y alta gastronomía, más allá de su función hotelera. Sin embargo, con el paso del tiempo sufrió abandono y una remodelación insensible en los años 90.
A diferencia de otros íconos de su época, el edificio no fue demolido. Tres empresarios checos decidieron devolverle su esplendor, impulsados por vínculos personales y un compromiso con la preservación arquitectónica. Convocaron a un concurso de propuestas el cual ganó TaK Architects, encabezado por Marek Tichý, quienes lideraron una reconstrucción integral de cinco años junto a Fairmont Hotels & Resorts, devolviendo al espacio su relevancia internacional bajo el nombre de Fairmont Golden Prague.
El proyecto buscó reconectar el edificio con la ciudad, no solo activando la planta baja sobre la calle Pařížská, sino extendiéndolo hacia el río Vltava mediante una arquitectura transparente, jardines y un nuevo pabellón de arte contemporáneo accesible al público. Los espacios culturales y artísticos del nivel inferior son de libre acceso, reafirmando la vocación pública del conjunto.
La intervención combinó materiales originales —hormigón, vidrio y madera— con nuevas capas espaciales y artísticas. Siguiendo el espíritu colaborativo del proyecto original, los arquitectos trabajaron desde el inicio con artistas y diseñadores, difuminando los límites entre arte y arquitectura. Se priorizó la apertura del hotel hacia su entorno urbano y la integración entre interior y exterior.
Muchos elementos estaban deteriorados o estructuralmente comprometidos. Pese a ello, se restauraron piezas clave: la fachada cerámica de Zbyněk Sekal, el techo del salón de conferencias con luminarias de René Roubíček, esculturas de madera de Čestmír Kafka, fragmentos de Bosque Encantado de Miloslav Hejný, y elementos del restaurante Zlatá Praha de Hugo Demartini. En el vestíbulo, las esculturas de vidrio de Stanislav Libenský y Jaroslava Brychtová dialogan con obras contemporáneas de Zdeněk Lhotský.
El hotel incorpora un sistema geotérmico que aprovecha la energía del río, reutiliza el calor residual y aplica estrategias avanzadas de captación y recuperación de agua. Cubiertas verdes, jardines verticales y sistemas de riego con aguas grises refuerzan el confort térmico y el compromiso ambiental del proyecto, demostrando cómo los edificios históricos pueden renovarse con responsabilidad ecológica.






















