A prueba de fuego

Un edificio de 10 pisos en San Diego fue sometido a ensayos sísmicos y ante el fuego para mejorar la seguridad estructural.

La estructura se levantó durante el año 2025 en el simulador sísmico de la Universidad de San Diego, ubicado en Scripps Ranch. Financiado por la National Science Foundation (NSF), este centro es uno de los tres bancos de prueba sísmica más grandes del mundo y el único al aire libre. Capaz de mover construcciones en seis direcciones —traslacionales y rotacionales—, permite reproducir terremotos de manera sumamente realista.

Semanas después, humo y llamas salían de la ventana del noveno piso de un edificio en el citado solar. Los investigadores habían regresado para ensayar incendios y comprobar cómo un edificio previamente dañado por terremotos resistiría una carga de llama.

El ensayo se centró en un edificio de acero conformado en frío (CFS), un material liviano fabricado con un 60 a 70 % de acero reciclado. Actualmente, los códigos de construcción en EE.UU. limitan este tipo de estructuras a 20 metros (seis pisos) en zonas sísmicas, pero los investigadores buscan extender ese límite hasta 30 metros (diez pisos). Los resultados preliminares son alentadores: tras 18 pruebas sísmicas crecientes en intensidad, el sistema portante conservó su integridad y los elementos no estructurales continuaron siendo funcionales.

El CFS, además de liviano y fácil de manipular, abre la puerta a innovaciones como la construcción modular con paneles y perfiles prefabricados fuera de obra, que luego se ensamblan en el sitio como piezas del popular LEGO. Esto reduce tiempos, desperdicios y mejora la precisión.

El proyecto también aprovechó una mejora clave del simulador: una inversión de 17 millones de dólares que le dio seis grados de libertad. Según los investigadores, esto marcó un antes y un después en la ingeniería sísmica, ya que permite estudiar respuestas torsionales propias de edificios altos y generar datos que servirán para actualizar normativas de construcción.

Tras los ensayos sísmicos, el equipo probó incendios en los pisos sexto y noveno. Se buscó analizar cómo las altas temperaturas afectan a las capas de yeso que protegen la estructura metálica una vez dañada.

“La interacción entre ingeniería estructural e ingeniería contra incendios es esencial para comprender la resiliencia real de un edificio”, señaló el profesor Richard Emberley, de Cal Poly San Luis Obispo.

Los investigadores destacan que este tipo de avances no serían posibles sin el financiamiento federal, que además sostiene la formación de estudiantes de grado y posgrado. Los resultados obtenidos ya han influido en cambios normativos locales que aumentan la seguridad frente a futuros terremotos.