Ingeniería para el arte

En pleno corazón del Upper East Side de Nueva York, a escasos pasos de los jardines de Central Park, The Frick Collection reabrió sus puertas en abril de 2025 luego de una de las renovaciones estructurales más complejas, minuciosas y técnicamente exigentes de las últimas décadas.

El proyecto, desarrollado por Simpson Gumpertz & Heger (SGH) y relatado por Filippo Masetti, David Ribbans, Lauren Feinstein y Kevin Poulin en la edición de noviembre de 2025 de la revista Structure, constituye un ejemplo magistral de cómo la ingeniería estructural puede conducir una joya arquitectónica de la Edad Dorada estadounidense hacia las demandas del siglo XXI sin alterar su esencia.

El desafío principal fue preservar la identidad histórica del museo —originalmente la residencia privada de Henry Clay Frick, construida en 1914 y abierta al público en 1935— mientras se modernizaban sus sistemas estructurales, funcionales y energéticos. El complejo, formado por cinco edificios y tres jardines históricos, presentaba una acumulación de ampliaciones sucesivas realizadas a lo largo de más de un siglo, lo que generaba una superposición de tipologías estructurales arcaicas: muros portantes de mampostería, losas de hormigón con mallas suspendidas, entramados de acero ocultos y cimientos heterogéneos.

La intervención iniciada en 2016 debía unificar este conjunto heterogéneo, incorporar nuevas áreas de exposición, mejorar la accesibilidad y crear un recorrido continuo entre los distintos volúmenes sin comprometer su valor patrimonial ni su estabilidad estructural.

El equipo de SGH diseñó un sistema de ampliaciones verticales y horizontales que redefinió la estructura interna del conjunto: una torre de nueve niveles anexa a la Frick Art Reference Library, una sobreelevación de tres pisos sobre la extensión de 1935 y una nueva planta vidriada sobre el hall de recepción, vinculada al jardín de la calle 70.

Estas intervenciones, ejecutadas en edificios existentes de distintas épocas y materiales, exigieron la incorporación de nuevos sistemas resistentes a cargas laterales, el refuerzo de diafragmas y conexiones, y la definición de juntas sísmicas estratégicas que permitieran absorber deformaciones y desplazamientos diferenciales sin afectar las delicadas fachadas de piedra caliza.

Uno de los mayores retos fue determinar qué partes del conjunto debían permanecer estructuralmente independientes y cuáles podían integrarse bajo un comportamiento conjunto, conforme al Código de Construcción de Nueva York (NYCBC 2014) y a la Norma Técnica TPPN 4/99, que establece criterios de intervención en edificios existentes frente a la acción sísmica.

Esta decisión implicó un trabajo de modelado iterativo para equilibrar las exigencias normativas con la visión arquitectónica y con las limitaciones constructivas impuestas por la conservación de los elementos originales. En ese proceso, los ingenieros de SGH debieron redefinir los diafragmas de piso para garantizar la continuidad de los esfuerzos, reforzando losas metálicas y de hormigón, y diseñando conexiones especiales en zonas críticas —como los núcleos de ascensores y escaleras— donde se concentraban las mayores demandas de corte y torsión.

La obra integró además una serie de soluciones creativas: muros de corte de hormigón armado embebidos en la estructura original de mampostería, núcleos rígidos diseñados para absorber cargas de viento y sismo, y ménsulas de gran refuerzo que permiten sostener fachadas históricas excéntricas respecto de los nuevos muros estructurales.

Se emplearon anclajes rocosos inclinados, vigas de arrastre de acero, y un entramado tipo celosía para transferir las fuerzas horizontales entre los distintos niveles y sectores del conjunto. Cada detalle —desde la ubicación de una junta hasta la configuración de un refuerzo oculto— fue cuidadosamente estudiado para que el visitante perciba un espacio fluido, luminoso y moderno, sin advertir la complejidad estructural que lo sostiene.

El resultado es una obra que combina tecnología, sensibilidad patrimonial y precisión ingenieril, donde la estructura se vuelve invisible pero esencial. Bajo sus superficies restauradas y sus nuevas salas de exposición, late un entramado contemporáneo de acero y hormigón diseñado para perdurar otro siglo.

La renovación de The Frick Collection demuestra que la ingeniería estructural moderna puede dialogar con el pasado, aportando soluciones que respetan la historia y, al mismo tiempo, la proyectan hacia el futuro. Con esta intervención, SGH reafirma el papel del ingeniero estructural como mediador entre la memoria arquitectónica y la innovación técnica, en una síntesis perfecta de arte, ciencia y preservación.

Fuente: Revista Structure, noviembre de 2025.