Presión en 55 Willoughby

Si bien un sistema de hormigón en voladizo puede ser una característica relativamente común en los edificios contemporáneos, resulta llamativo cuando gran parte de la estructura se apoya sobre él. Ese es el caso de la torre 55 Willoughby, que se eleva 468 pisos en el centro de Brooklyn, Estados Unidos.

El desafío para DeSimone Consulting Engineering fue diseñar un edificio capaz de flotar sobre el espacio aéreo de una construcción vecina. La solución llegó mediante la incorporación de cuatro vigas postensadas de hormigón en voladizo de 5,56 metros responsables de sostener y equilibrar los 31 niveles superiores.

La obra, a cargo de Noble Construction Group LLC como contratista general, y Moore Development Group como subcontratista de hormigón, se desarrolló en el transcurso de un año, con fundaciones iniciadas en noviembre de 2003 y la superestructura culminada en noviembre de 2024.

El diseño estructural le valió a DeSimone el Gran Premio en los reconocimientos Richard H. Corbetta 2025, otorgados por el Concrete Industry Board of New York City, reconocimiento que destaca la excelencia en ingeniería y construcción con hormigón.

El edificio cuenta con unas 300 unidades residenciales, de las cuales 89 fueron destinadas a vivienda asequible, además de 325 metros cuadrados de locales comerciales y 1.115 metros cuadrados de espacios comunes. Para su construcción se emplearon más de 33.980 metros cúbicos de hormigón distribuidos en losas, columnas, muros y vigas de transferencia.

Fundada en 1969 en Nueva York, DeSimone Consulting Engineering es una empresa familiar de segunda generación con reconocimiento internacional por su capacidad innovadora. Especializada en ingeniería estructural, en la última década amplió sus servicios hacia consultoría de fachadas y envolventes, documentación de hormigón y acero, consultoría forense y transporte vertical. Actualmente emplea a unas 600 personas en oficinas distribuidas en distintas ciudades del mundo.

“Es un esfuerzo de equipo colectivo”, señala Bryan McKeon, ingeniero de proyecto en DeSimone. “Ingenieros, clientes, subcontratistas, arquitectos, todo el equipo. Nos desafiamos a diseñar edificios de manera eficiente y lo valioso es que no nos detenemos en los planos: seguimos con la administración de obra, presentes en el sitio, coordinando y entendiendo a los otros oficios. Ese enfoque integral nos permite optimizar los diseños en beneficio económico y de plazos para el cliente, demostrando que podemos asumir estos retos con soluciones innovadoras”.

Uno de los grandes desafíos del proyecto fue el acceso al sitio, sumamente estrecho y limitado por la cercanía de edificios adyacentes, con apenas 25 centímetros de espacio libre a cada lado. Esta condición obligó a implementar sistemas de encofrado y apuntalamiento no convencionales. El voladizo, que se proyecta sobre el edificio vecino en unos 84 metros cuadrados y que aporta un 15 % más de superficie rentable, permitió ampliar los pisos superiores de 483 a 567 metros cuadrados.

La clave estuvo en la construcción de cuatro vigas de transferencia de la altura de un piso, que evitaron recurrir a cerchas complejas. El postensado, ejecutado en fases conforme avanzaba la obra, garantizó un control preciso de la deflexión y mantuvo la alineación de las fachadas.

“Estudiamos varias alternativas, como columnas inclinadas o cerchas metálicas y de hormigón, pero ninguna resultaba adecuada”, explica Pratik Shah, PE, LEED AP, socio en DeSimone. “Al concebir el nivel como un piso técnico, las barras de postensado nos permitieron no afectar el diseño de las unidades y, al mismo tiempo, aportar la rigidez necesaria para soportar más de 30 niveles sin comprometer la habitabilidad ni el control de deformaciones”.

Las vigas, de 3,65 metros de altura y reforzadas con 85 barras de postensado, fueron tensionadas en fases cada cinco niveles construidos. Sin ese recurso, el voladizo habría sufrido una flecha cercana a las 4 pulgadas; con el sistema implementado, la deflexión final fue de apenas un octavo de pulgada. El control progresivo fue determinante para la correcta instalación del curtain wall, y la posibilidad de ajustar las tensiones durante la obra constituye una de las innovaciones más destacadas de 55 Willoughby.

La ejecución también se apoyó en el sistema de encofrado y apuntalamiento Xclimb 60 de Doka, que permitió proyectar el trabajo 6,70 metros fuera de la estructura sin interferir con propiedades vecinas, y en el uso de SPYDERCRANEs para la colocación de paneles de fachada y armaduras. Un aspecto decisivo fue la adquisición de los air rights sobre el edificio contiguo, lo que hizo posible ampliar la superficie construible sin superar los límites impuestos por la normativa de zonificación.

Entre las lecciones aprendidas, se destaca la secuencia de colado de las vigas de transferencia, que se resolvió hormigonando cada una en una sola operación, aislando losas inferiores y superiores para luego integrarlas en el conjunto. La comunicación fluida entre ingenieros y subcontratistas durante las fases de postensado resultó esencial para garantizar la precisión del proceso.

El proyecto 55 Willoughby constituye un ejemplo sobresaliente de cómo la ingeniería estructural y la construcción con hormigón pueden combinarse para dar respuesta a desafíos extremos, demostrando que la innovación técnica y la coordinación interdisciplinaria permiten materializar soluciones en apariencia imposibles, incluso cuando el reto consiste en sostener 16 pisos en voladizo sobre otro edificio.