Estructuras ante el mar
El presente artículo se basa en el trabajo “Métodos de evaluación y diagnóstico de la vida útil remanente de estructuras de hormigón armado en ambiente marino”, elaborado por los ingenieros Traversa, Villagrán, Di Maio y Zicarelli. El estudio fue publicado en la edición Nº 81 de la Revista IE.
La durabilidad de las estructuras de hormigón armado constituye uno de los desafíos más relevantes de la ingeniería estructural contemporánea, particularmente cuando estas se encuentran sometidas a ambientes agresivos. Entre ellos, la atmósfera marina se destaca por la presencia de cloruros, reconocidos como el principal factor desencadenante de la corrosión de las armaduras, fenómeno que condiciona de manera directa la vida útil de las estructuras. En este contexto, el trabajo desarrollado por el equipo del LEMIT propone un abordaje integral para evaluar y diagnosticar la vida útil remanente de estructuras existentes, poniendo el foco en la identificación temprana de los procesos de deterioro.
La vida útil de una estructura no es un concepto único ni inmutable, sino que admite diferentes interpretaciones según el momento del análisis. Durante la etapa de proyecto se define una vida útil estipulada, asociada al cumplimiento de condiciones mínimas de seguridad, funcionalidad y estética. Sin embargo, una vez en servicio, las estructuras pueden verse sometidas a solicitaciones ambientales no previstas o subestimadas, lo que conduce a una reducción de su desempeño real. Frente a esta situación, cobra relevancia la noción de vida útil remanente, entendida como el período durante el cual la estructura puede continuar prestando servicio aceptable antes de alcanzar un nivel de deterioro inadmisible.

Cuando la corrosión de armaduras es el mecanismo dominante de deterioro, la evolución del daño puede describirse a partir de dos etapas bien diferenciadas. En una primera fase, denominada período de iniciación, se desarrollan las condiciones necesarias para la despasivación del acero, fundamentalmente asociadas al ingreso progresivo de cloruros hasta alcanzar una concentración crítica en la interfase acero-hormigón. La segunda etapa, conocida como período de propagación, comienza una vez iniciada la corrosión y se caracteriza por una velocidad de deterioro considerablemente mayor, que conduce a la fisuración del recubrimiento, el desprendimiento del hormigón y, eventualmente, a la pérdida de capacidad resistente.

Uno de los aportes centrales del trabajo radica en destacar que, desde el punto de vista técnico y económico, resulta sustancialmente más conveniente actuar durante el período de iniciación que intervenir cuando el daño se encuentra avanzado. La posibilidad de controlar los parámetros que gobiernan el ingreso de cloruros permite extender la vida útil de las estructuras y evitar reparaciones complejas y costosas. En este sentido, el hormigón de recubrimiento adquiere un rol protagónico, ya que sus características tecnológicas determinan la resistencia al transporte de agentes agresivos.
El estudio analiza en detalle los factores internos y externos que influyen en la durabilidad del hormigón armado en un ambiente marino. Entre los factores internos se destacan la relación agua/cemento, el tipo y contenido de cemento, la calidad de la interfase entre la matriz cementicia y los agregados, así como las condiciones de curado. En paralelo, los factores externos vinculados a la agresividad ambiental incluyen variables climáticas como la humedad relativa, la temperatura, los vientos, las precipitaciones y la distancia de la estructura respecto al mar, además de las condiciones microclimáticas propias de cada elemento estructural.
Para la evaluación de la vida útil remanente, el trabajo revisa distintos métodos experimentales que permiten estimar la velocidad de deterioro de las estructuras. Entre ellos, se destaca el análisis de perfiles de cloruros, que posibilita determinar el coeficiente de difusión aparente del hormigón y, a partir de este parámetro, estimar el tiempo requerido para que los cloruros alcancen las armaduras. Asimismo, se analizan técnicas electroquímicas como la medición del potencial de corrosión y la determinación de la velocidad de corrosión, herramientas ampliamente utilizadas para identificar el estado de pasividad o actividad de las armaduras embebidas.
Un aspecto particularmente relevante del trabajo es la discusión sobre la incertidumbre asociada a estos métodos de diagnóstico. Los autores señalan que parámetros como el coeficiente de difusión no permanecen constantes en el tiempo, sino que tienden a disminuir debido a procesos de hidratación tardía y carbonatación, lo que puede conducir a estimaciones conservadoras de la vida útil remanente. No obstante, el enfoque probabilístico permite incorporar esta variabilidad y obtener predicciones más robustas del comportamiento futuro de las estructuras.
El artículo presenta además resultados experimentales obtenidos a partir de exposiciones prolongadas de probetas de hormigón armado en estaciones ubicadas en la ciudad de Mar del Plata, representativas de la atmósfera marina. Los ensayos realizados permiten establecer relaciones claras entre el contenido de cloruros, la probabilidad de corrosión y la velocidad de corrosión de las armaduras, identificando rangos críticos de concentración a partir de los cuales el riesgo de deterioro aumenta significativamente.
A modo de cierre, el texto concluye que los métodos químicos y electroquímicos analizados constituyen herramientas confiables para la evaluación de estructuras existentes, siempre que sean aplicados de manera integral y considerando las particularidades del ambiente de exposición. La posibilidad de estimar con razonable precisión la vida útil remanente resulta clave para la toma de decisiones vinculadas al mantenimiento, la reparación y la extensión de la vida en servicio de las estructuras de hormigón armado, especialmente en entornos marinos de alta agresividad.


















