Claves del diseño y construcción

El modelo tradicional de diseño–licitación–construcción ha sido el pilar de nuestra industria. La creciente complejidad de los proyectos, la presión por los tiempos y los nuevos riesgos exigen un enfoque diferente, sostiene Robert Brown, presidente y CEO de GCM Contracting Solutions.

Durante años, el esquema de design-bid-build (diseño–licitación–construcción) fue la columna vertebral de la industria de la construcción. Permitió entregar incontables proyectos exitosos gracias a la competencia en precios y a la clara división de responsabilidades entre diseñadores y contratistas. Para obras simples, sigue siendo una opción confiable y efectiva que merece reconocimiento por haber modelado gran parte del entorno construido actual.

No obstante, los retos del presente son muy distintos a los de hace 20 o 30 años. Las instalaciones se han vuelto más complejas, la escasez de mano de obra calificada es un problema creciente, las cadenas de suministro son volátiles y el clima extremo es una preocupación constante. Estas condiciones requieren un modelo de entrega el cual priorice la velocidad, la integración y la adaptabilidad.

Ahí es donde el design-build se distingue. Al integrar desde el inicio a diseñadores, ingenieros y constructores bajo un único contrato, se establece una dinámica donde la responsabilidad, la flexibilidad y la innovación forman parte de cada etapa del proceso.

Los propietarios enfrentan hoy la presión de poner proyectos en servicio más rápido, sin sacrificar calidad. En el modelo tradicional, cada traspaso —del arquitecto al contratista y de allí a los subcontratistas— abre la puerta a retrasos y desajustes. El design-build elimina esas barreras al reunir al equipo completo bajo una sola meta compartida.

Pero la diferencia no se limita al lapso de finalización. La colaboración temprana permite evaluar en tiempo real sistemas estructurales, configuraciones de espacios y selecciones de materiales, lo que suele traducirse en ahorros tangibles. Según Brown, “las decisiones de mayor valor se toman antes de que una sola pala toque el suelo”.

En este modelo, la ingeniería de valor deja de ser un ejercicio aislado al final del diseño para convertirse en un proceso continuo capaz de sostenerse a lo largo de toda la obra. Ese flujo constante de retroalimentación protege los presupuestos, mejora la constructibilidad y garantiza un desempeño más sólido a largo plazo.

En zonas expuestas a tormentas, inundaciones u otros riesgos ambientales, la resiliencia ya no puede considerarse un atributo opcional: se ha convertido en una expectativa básica. Los propietarios demandan obras capaces de resguardar la inversión y que puedan recuperarse con rapidez tras una interrupción.

El design-build ofrece a los equipos la posibilidad de planificar con ese escenario en mente. Las cimentaciones y sistemas estructurales pueden adaptarse a los ciclos climáticos; los materiales de adquisición prolongada pueden encargarse con anticipación para evitar demoras estacionales; y, gracias a la coordinación del equipo completo, los cronogramas pueden ajustarse con agilidad cuando el clima interrumpe los trabajos.

Brown asegura haber visto de primera mano cómo la integración temprana mantiene el avance de los proyectos, incluso en plena temporada de tormentas. Esa resiliencia —tanto en la obra terminada como en la forma de ejecutarla— se ha convertido en uno de los indicadores más relevantes del éxito.