Tunelera Mary en EEUU
Avanza en Washington D.C. una de las obras subterráneas más relevantes en materia de infraestructura hidráulica urbana, con el ensamble y puesta en operación de la tuneladora Mary para la excavación del Potomac River Tunnel, una pieza central del programa Clean Rivers Project impulsado por DC Water.
El proyecto apunta a reducir de manera significativa los desbordes combinados de aguas pluviales y cloacales que históricamente descargan en el río Potomac durante eventos de lluvias intensas, mediante la incorporación de un sistema de almacenamiento profundo de gran capacidad.
La tuneladora Mary, actualmente en proceso de montaje en un pozo de lanzamiento ubicado en West Potomac Park, alcanza una longitud total superior a los 213 metros una vez completamente ensamblada. Su cabeza de corte, con un peso aproximado de 95 toneladas métricas, fue descendida a una profundidad cercana a los 30 metros para iniciar el armado en un túnel de arranque excavado previamente.
El equipo, fabricado por Herrenknecht, fue diseñado específicamente para operar en condiciones geológicas variables, combinando suelos aluviales y formaciones más competentes, lo que exige un control preciso de presiones de frente y de estabilidad del entorno urbano.

El Potomac River Tunnel tendrá una extensión total cercana a los 8,9 kilómetros y un diámetro interno aproximado de 5,5 metros. La excavación se realizará mediante un sistema mecanizado que permite, de forma simultánea, retirar el material excavado, transportarlo a superficie y montar los anillos de revestimiento de hormigón prefabricado que conforman la estructura definitiva del túnel. Este procedimiento reduce los tiempos de avance y mejora el control estructural y geotécnico durante la ejecución, especialmente en un contexto urbano sensible y con infraestructura existente de alto valor patrimonial.
El trazado del túnel conecta el sector de West Potomac Park con el área de Georgetown, integrándose luego con el sistema existente del Anacostia River Tunnel, construido y puesto en servicio en 2016. Para completar esta vinculación, está prevista la llegada de una segunda tuneladora, denominada Emily, que excavará un tramo adicional de aproximadamente 5 kilómetros en sentido contrario, permitiendo cerrar el sistema de almacenamiento y conducción profunda. Ambos equipos están configurados para desempeñarse de manera independiente pero coordinada, asegurando la continuidad estructural e hidráulica del conjunto.
Desde el punto de vista funcional, el túnel actuará como un gran reservorio subterráneo capaz de captar los excedentes de caudal durante tormentas severas, almacenando temporalmente el flujo combinado de aguas pluviales y residuales hasta que pueda ser conducido hacia la planta de tratamiento. Los modelos hidráulicos del proyecto indican que esta infraestructura permitirá reducir en alrededor del 93 % el volumen anual de descargas sin tratar al río Potomac, disminuyendo además la frecuencia de eventos de desborde de más de setenta por año a apenas cuatro en un año hidrológico típico.

La ejecución de la obra incorpora sistemas avanzados de monitoreo geotécnico y estructural, incluyendo instrumentación para el control de desplazamientos del terreno, presiones de poros y asentamientos en superficie. Estos sistemas permiten ajustar en tiempo real los parámetros operativos de la tuneladora, minimizando impactos sobre edificaciones cercanas, servicios urbanos y espacios públicos. La profundidad de excavación y el diseño estructural del revestimiento fueron definidos para garantizar la durabilidad del túnel y su comportamiento seguro frente a cargas permanentes, acciones del terreno y solicitaciones hidráulicas variables.
Con una inversión total cercana a los 820 millones de dólares y una puesta en servicio prevista para el año 2030, el Potomac River Tunnel representa un ejemplo destacado de ingeniería estructural aplicada a la gestión sostenible del agua en grandes áreas metropolitanas. Su concreción permitirá mejorar de manera sustancial la calidad ambiental del río Potomac y fortalecer la resiliencia del sistema urbano frente a eventos climáticos extremos, consolidando el rol de la infraestructura subterránea como una herramienta clave para el desarrollo urbano sostenible.






















