Piscina ingrávida

En el Parque Nacional Khao Yai, en Tailandia, un hotel de lujo redefine la relación entre arquitectura, paisaje e ingeniería estructural a partir de una piscina acrílica en voladizo que permite nadar literalmente en el aire, fusionando un gran diseño contemporáneo y tecnología de avanzada.

En el corazón del Parque Nacional Khao Yai, en el centro de Tailandia, el Hotel MYS Khao Yai propone una experiencia que parece salida de la ciencia ficción: una piscina transparente suspendida en el aire que se proyecta sobre el paisaje selvático como un balcón acuático. A varios metros del suelo y con vistas abiertas hacia las montañas, la estructura transforma el acto de nadar en una vivencia inmersiva donde arquitectura, naturaleza e ingeniería convergen en una misma escena.

El proyecto fue desarrollado por el estudio de arquitectura Urban Praxis, que concibió el complejo como una intervención respetuosa, y a la vez, audaz dentro del entorno natural. La piscina, de aproximadamente nueve metros de largo, se extiende desde el volumen principal del hotel y genera un verdadero techo de agua sobre el área de recepción. Su frente acrílico transparente intensifica la sensación de ingravidez y permite que el usuario perciba el vacío y el bosque como parte integral de la experiencia espacial.

Desde el punto de vista estructural, el sistema combina un volumen en voladizo con apoyos inclinados inferiores que absorben y transmiten las cargas hacia la estructura principal. La materialización en acrílico de alta resistencia exigió la participación de la firma especializada Reynolds Polymer, reconocida por su trabajo en grandes acuarios y estructuras transparentes de elevada exigencia técnica. La resolución estructural no solo debía garantizar seguridad frente a cargas gravitatorias y dinámicas asociadas al uso, sino también controlar deformaciones, vibraciones y efectos de empuje hidrostático en un elemento expuesto y visualmente liviano.

El conjunto arquitectónico adopta una estética contemporánea de inspiración escandinava y se compone de dieciséis habitaciones, seis villas con piscinas privadas climatizadas y una villa principal de mayor escala. La estrategia proyectual eleva los niveles habitables para favorecer la interacción visual y física con el entorno, generando la sensación de pequeñas cabañas suspendidas en el bosque. Balcones verdes y terrazas ajardinadas refuerzan la integración paisajística y consolidan una experiencia de “planta baja elevada” que diluye los límites entre interior y exterior.

Más allá de su impacto visual, la piscina suspendida representa un caso interesante para el análisis estructural por su condición de elemento transparente en voladizo, donde la percepción de riesgo y la experiencia del usuario dependen tanto de la ingeniería como del diseño arquitectónico. El resultado es una pieza que combina cálculo preciso, tecnología de materiales y una clara intención de generar emoción a partir de la estructura misma.

Con tarifas que rondan los 200 dólares por noche, el hotel se posiciona dentro del segmento cinco estrellas, ofreciendo una propuesta que demuestra cómo la ingeniería estructural puede convertirse en protagonista cuando se la integra creativamente al paisaje y a la experiencia del usuario. En MYS Khao Yai, nadar hacia el cielo ya no es una metáfora, sino una realidad construida.

Fuente de texto e imágenes: Estudio de Arquitectura Urban Praxis.