Un Banco, una joya

A más de cien años de su inauguración, el edificio del ex Banco de Boston continúa siendo un ícono de la arquitectura porteña. Su estilo neoplateresco español, la monumental cúpula de tejas y una estructura técnica de avanzada para su época, lo convierten en una joya patrimonial.

En el corazón del microcentro de la ciudad de Buenos Aires, sobre la tradicional calle Florida al 99, se alza un edificio cuya historia se entrelaza con la evolución urbana, financiera y arquitectónica del país. Inaugurado en 1924 como sede del First National Bank of Boston, este inmueble es uno de los escasos ejemplos del estilo neoplateresco español en la ciudad. A pesar de que desde 2013 funciona allí la sede del banco ICBC, su arquitectura, ornamentación y simbolismo continúan siendo reconocidos por generaciones como el ex Banco de Boston.

El proyecto nació en el año 1917 con la apertura de la primera sucursal internacional del banco estadounidense, que por entonces operaba en Bartolomé Mitre y San Martín. Su crecimiento motivó la compra de un terreno en la incipiente Diagonal Norte, entonces propiedad de descendientes de Mariano Moreno. Tras varias idas y vueltas con la normativa urbana, la construcción comenzó en 1922 y se completó en tiempo récord: el edificio fue inaugurado el 3 de noviembre de 1924 con la presencia del presidente Marcelo T. de Alvear.

Los arquitectos británicos Paul Bell Chambers y Louis Newbery Thomas, en colaboración con el Estudio neoyorquino York & Sawyer, idearon un edificio bancario que rompiera con la imagen tradicional, austera y rígida de las sedes financieras. Eligieron, en cambio, una fachada cargada de historia y simbolismo, inspirada en el renacimiento español y en monumentos como el Convento de San Marcos en León y la Catedral de Santiago de Compostela. La imponente arcada de la esquina de Florida recuerda al Hospital de Santa Cruz de Toledo, y la cúpula circular, cubierta con tejas coloniales rojas, ofrece vistas panorámicas de la city.

La ejecución del edificio involucró tecnología constructiva de vanguardia. Se utilizaron 1.650 toneladas de acero provenientes de los Estados Unidos, 6.120 m³ de hormigón armado y 400 placas de piedra calcárea de Indiana talladas en Nueva York, además de granito cordobés y revoques símil piedra con materiales nacionales. La puerta principal, un símbolo en sí misma, pesa 4 toneladas y funciona aún hoy con un sistema eléctrico de poleas, atrayendo diariamente a turistas y curiosos.

El interior refleja la misma riqueza estética, con columnas de mármoles uruguayos, detalles en bronce y cielorrasos dorados que simulan madera. En sus orígenes, los pisos superiores eran alquilados a empresas norteamericanas como forma de financiamiento, y el subsuelo albergaba una bóveda con puertas de seguridad sin precedentes, con cuatro cerraduras de reloj. El edificio también contaba con servicios poco comunes para la época: bowling, salón de belleza, atención médica y odontológica.

Desde el punto de vista técnico, su equipamiento sorprendía: un sistema de tubos neumáticos para la circulación interna de documentación, 300 líneas telefónicas, teleautógrafos (precursores del fax), aire acondicionado centralizado y ocho ascensores de alta velocidad. Los baños tenían agua caliente y jabón líquido, y el mobiliario era provisto por la prestigiosa firma Thompson.

En 1927, una bomba colocada por Severino Di Giovanni obligó a reparar parte del edificio, aunque no alteró su diseño original. Ya en el siglo XXI, una restauración integral encabezada por el Estudio Hampton-Rivoira le devolvió el esplendor a su fachada, siendo premiada por la Sociedad Central de Arquitectos por su valor patrimonial.

Hoy, a más de un siglo de su apertura, el edificio sigue vivo. En su octavo piso funciona la Fundación del ICBC y su Escuela de Comercio Internacional. En la cúpula, la biblioteca conserva el espíritu de la obra original, que desafió convenciones, integró técnica y belleza, y logró trascender su función inicial para convertirse en un símbolo cultural de la arquitectura bancaria en la Argentina.

Fuente: Fundación Banco de Boston.