Reconstruir tras un incendio

La nota publicada en la Revista Structure de los autores Nick Stuart, SE y Eric Kreager, SE trata sobre la reconstrucción posterior a un incendio, lo cual plantea desafíos técnicos que van mucho más allá de la reposición edilicia. Suelos alterados por el calor y la erosión suman aspectos preocupantes.

Cuando un incendio forestal devasta una comunidad, el proceso de reconstrucción se convierte en un desafío técnico demandante de una especial atención por parte de la ingeniería estructural. La experiencia en los condados de Sonoma y Napa, entre 2017 y 2020, así como los antecedentes de Oakland Hills -en 1991- y San Diego -en 2005-, demuestran que el conocimiento acumulado resulta fundamental para evitar costosos errores y garantizar la seguridad de las nuevas construcciones.

Uno de los primeros aspectos a considerar es la remoción de escombros, donde la sobre-excavación puede alterar la topografía natural y obligar a diseñar cimentaciones más profundas o muros de contención de mayor altura para alcanzar el suelo nativo.

En muchos casos, los rellenos aportados sin certificación geotécnica no resultan aptos para soportar cargas estructurales, lo que obliga a prolongar las zapatas a través de capas de suelo no documentado. Esta situación eleva los costos y complejiza el diseño, retrasando el inicio de obra. Por ello, la revisión de las fundaciones existentes, a cargo de contratistas y especialistas geotécnicos o estructurales, se vuelve una etapa crítica: algunas pueden ser reutilizadas o al menos aportar estabilidad temporal al terreno mientras se desarrolla el proyecto.

El análisis geotécnico adquiere un rol central, ya que el calor y la erosión modifican la composición y el comportamiento del suelo. Cada sitio debe ser reevaluado con estudios específicos, considerando además la disponibilidad del ingeniero estructural para acompañar la construcción de las nuevas cimentaciones.

En terrenos escarpados, el fuego expone falencias previas como taludes inestables, cimentaciones superficiales o deficiencias de drenaje, lo cual se traduce posteriormente en riesgos de deslizamientos, fallas de muros de contención o pérdida de accesos. Para enfrentar las mencionadas condiciones, resulta indispensable el diseño de planes de movimiento de suelos capaces de asegurar plataformas estables y aptas para soportar las nuevas estructuras.

Otro punto crítico es la infraestructura previa al inicio de la obra. La reposición de caminos, puentes, redes de agua y sistemas sanitarios condiciona la posibilidad misma de ejecutar fundaciones y levantar estructuras. La ingeniería estructural se ve afectada no solo por la disponibilidad de insumos materiales, como acero, hormigón o madera, sino también por la escasez de mano de obra calificada y de servicios profesionales especializados.

La demanda posterior a un incendio genera cuellos de botella, y tanto arquitectos como ingenieros estructurales se ven rápidamente sobrepasados. Aun con el interés creciente en aquellos sistemas constructivos más resistentes al fuego, la realidad económica mantiene a la madera como material predominante. Ello obliga a aplicar los estándares más recientes de protección en interfaz urbano-forestal y a proyectar bajo criterios de resiliencia.

La práctica demuestra que las decisiones técnicas deben integrarse en equipos de trabajo interdisciplinarios donde el ingeniero estructural ocupa un lugar decisivo, no solo en la validación de fundaciones y estructuras, sino también en la coordinación con especialistas en geotecnia y en la planificación de obras de contención y estabilización de suelos. Los barrios afectados no solo se reconstruyen casa por casa: se redefinen en conjunto, y la falta de coherencia en los criterios de diseño puede generar entornos desordenados y de menor calidad urbana.

En este contexto, la ingeniería estructural aporta continuidad, seguridad y racionalidad a procesos atravesados por la urgencia, el duelo y la presión económica.

Recuperar obras tras un incendio implica trabajar sobre cimientos técnicos sólidos y considerar que cada decisión, desde la excavación inicial hasta la elección del sistema constructivo, marcará la capacidad de la comunidad para levantarse con estructuras más seguras y resistentes respecto de las perdidas.