Renovar para resistir
La renovación del Stevenson Hall, el primer edificio construido en el campus de la Sonoma State University, demuestra cómo la ingeniería estructural puede actualizar edificios existentes en zonas sísmicas sin resignar calidad arquitectónica. El proyecto origina un nuevo planteo estructural.
El edificio Stevenson Hall, ubicado en la Sonoma State University en California, Estados Unidos, fue objeto de una profunda renovación estructural y arquitectónica destinada a adecuarlo a los estándares sísmicos actuales y a las nuevas necesidades académicas. Construido originalmente en el año 1967 y diseñado por el Departamento de Obras Públicas del Estado de California, el edificio de tres niveles y aproximadamente 12.000 m² había sido el primero del campus y alojaba aulas, oficinas docentes y servicios universitarios.
La estructura original combinaba hormigón armado y acero, con un sistema resistente lateral basado principalmente en muros de corte interiores. Con el paso del tiempo, ese sistema dejó de cumplir con los requerimientos de las normativas sísmicas vigentes en los Estados Unidos y además limitaba la posibilidad de generar espacios interiores abiertos, una condición cada vez más buscada en la arquitectura educativa contemporánea. Frente a esta situación, la universidad decidió impulsar una renovación integral que incluyó una actualización sísmica completa y una significativa transformación arquitectónica.
El edificio presenta una planta rectangular de aproximadamente 95 por 55 metros, con tres niveles y un subsuelo parcial. La evaluación preliminar indicó que el costo de la renovación superaba el 25 % del valor de reemplazo del edificio, lo que obligó a llevar a cabo una evaluación sísmica completa según el California Existing Building Code. El análisis evidenció que los muros interiores de hormigón armado de unos 20 cm de espesor no podían adaptarse a las nuevas exigencias sin afectar severamente la funcionalidad de los espacios. Como resultado, el equipo de diseño decidió reemplazar completamente el sistema resistente lateral.
La nueva estrategia estructural consistió en incorporar muros de corte de hormigón armado de aproximadamente 45 cm de espesor ubicados principalmente en el perímetro del edificio. Esta solución permitió eliminar los muros estructurales interiores, liberar las plantas y generar espacios más amplios y flexibles para las actividades académicas. Para optimizar el comportamiento estructural y reducir el espesor de los elementos se utilizaron aceros de alta resistencia grado 80 y hormigones de alta resistencia, alcanzando aproximadamente 55 MPa.
La incorporación de los nuevos muros exigió también reforzar las fundaciones. Para ello se instalaron pilotes tubulares de aproximadamente 24 metros de longitud capaces de resistir cargas significativas tanto en compresión como en tracción. En aquellos sectores donde las condiciones existentes impedían una alineación directa entre los nuevos muros y las fundaciones se utilizaron vigas de gran sección para transferir las cargas.
La demolición de los muros interiores se realizó mediante un proceso cuidadosamente secuenciado para garantizar la estabilidad del edificio durante la obra. Los nuevos muros se construyeron progresivamente mientras se retiraban los elementos existentes, lo que permitió evitar arriostramientos temporales complejos y mantener el avance de la construcción. La coordinación entre el equipo de diseño estructural y el contratista resultó fundamental para resolver las dificultades propias de un retrofit estructural de gran escala.
Desde el punto de vista arquitectónico, uno de los cambios más significativos fue la transformación del patio interior en un gran atrio cubierto que conecta las tres alas del edificio. Este espacio se resolvió mediante una estructura metálica con vigas de acero y losas colaborantes con hormigón liviano que, además de su función arquitectónica, contribuyen a formar un nuevo diafragma estructural capaz de redistribuir las fuerzas sísmicas hacia los muros perimetrales.
La intervención también permitió mejorar la iluminación natural y generar espacios de encuentro para estudiantes y docentes, reforzando el carácter comunitario del edificio. De este modo, Stevenson Hall no solo cumple hoy con las exigencias sísmicas actuales, sino que se ha convertido en un proyecto académico más abierto, flexible y resiliente.
Fuente: Bleiman, David S.; Parisi, Francisco. “Stevenson Hall Transformation”. Structure Magazine, marzo de 2026.
























