Infraestructura ciclista
Tras ocho años de obra y múltiples contratiempos técnicos, el puente Inderhavnsbroen conecta dos distritos clave de Copenhague, consolidando una red de movilidad sustentable que prioriza ciclistas y peatones en el corazón urbano y refuerza el compromiso de la ciudad con un transporte eficiente.
El puente Inderhavnsbroen, de 180 metros de longitud, vincula los barrios de Nyhavn y Christianshavn, atravesando el puerto interior de la capital danesa. Diseñado exclusivamente para circulación peatonal y ciclista, forma parte de una estrategia iniciada en 2014 para fomentar modos de transporte no motorizados, reduciendo la dependencia del automóvil en el centro urbano.
Desde el punto de vista técnico, se trata de una estructura móvil compuesta por dos tramos basculantes que se abren para permitir el paso de embarcaciones. Este sistema de apertura, basado en mecanismos sincronizados, fue uno de los principales desafíos del proyecto, especialmente por los problemas detectados en el alineamiento de las piezas móviles. La precisión geométrica requerida en la conexión de ambos lados obligó a rediseñar partes sustanciales de la obra luego de detectarse errores de cálculo que impedían el correcto encuentro de los tramos.
El tablero presenta una sección optimizada para el tránsito mixto no motorizado, con pendientes suaves y superficies continuas que favorecen la accesibilidad universal. La elección de materiales priorizó la durabilidad en ambiente marino, incorporando acero estructural protegido contra la corrosión y sistemas de apoyo diseñados para absorber movimientos y cargas dinámicas propias de su funcionamiento basculante.
Otro aspecto relevante fue la complejidad logística y financiera del proyecto. La quiebra del inversor inicial generó interrupciones significativas, mientras que fallas en el sistema de ensamblaje de los elementos móviles, detectadas incluso en etapas avanzadas, obligaron a nuevas intervenciones. Estos factores extendieron el plazo de ejecución a ocho años, muy por encima de la fecha prevista originalmente.
A pesar de estas dificultades, el puente se suma a otras infraestructuras recientes como el Cykelslangen y el Cirkelbroen, consolidando una red continua de recorridos seguros para ciclistas. Su diseño, que le ha valido el apodo de “Kissing Bridge” por la forma en que sus tramos parecen encontrarse, combina ingeniería y expresión formal, convirtiéndose en un nuevo referente del paisaje urbano de Copenhague y en un caso de estudio sobre la gestión de proyectos complejos en entornos urbanos consolidados.




























