Curvas de madera

La nueva obra Forest Trailhead del Woodland Park Zoo de Seattle combina arquitectura, ingeniería y madera masiva en una solución estructural de gran complejidad técnica. La nota, publicada en la revista Structure de mayo de 2026, fue escrita por Shawn Roberge, Keva Rollins y Kristen Gaer.

La ingeniería estructural suele alcanzar sus mayores éxitos cuando logra pasar inadvertida. En el nuevo pabellón Forest Trailhead del Woodland Park Zoo de Seattle, esa premisa se convierte en una declaración de principios: ocultar la complejidad técnica para permitir que la arquitectura, la madera y el paisaje natural sean los verdaderos protagonistas del espacio.

El proyecto, presentado en la edición de mayo de 2026 de la revista Structure en una nota firmada por Shawn Roberge, PE, SE, DBIA; Keva Rollins, PE; y Kristen Gaer, propone un edificio de casi 2.600 metros cuadrados destinado a albergar nuevas exhibiciones del zoológico, integrando recorridos, áreas educativas y espacios de contemplación vinculados al entorno forestal. La pieza central de la propuesta son tres vigas curvas de madera laminada maciza de aproximadamente 23 metros de longitud, concebidas para generar una cubierta continua y cálida, capaz de reforzar la experiencia inmersiva del visitante.

Detrás de esa aparente sencillez formal existió un importante desafío técnico. Las dimensiones y curvaturas de las vigas hacían prácticamente imposible su transporte en una sola pieza, por lo cual el equipo de ingeniería debió desarrollar un sistema de empalmes ocultos que permitiera dividirlas, trasladarlas y volver a ensamblarlas en obra sin alterar la pureza visual del conjunto. La premisa arquitectónica era contundente: la solución estructural debía funcionar sin imponerse visualmente.

La firma de ingeniería Lund Opsahl estudió distintas alternativas de conexión antes de arribar a una solución basada en anillos partidos y placas de acero especialmente diseñadas para el proyecto. Los conectores fueron fabricados a medida mediante tubos y placas soldadas, capaces de transmitir esfuerzos a través de las capas laminadas de la madera sin recurrir a elementos visibles ni a grandes concentraciones de bulones expuestos. El sistema permitió mantener la continuidad estética de las vigas y, al mismo tiempo, responder a las exigencias estructurales de una cubierta de grandes luces.

El comportamiento anisotrópico de la madera laminada exigió un cuidadoso estudio de las direcciones de carga y de las zonas de transferencia de esfuerzos. Los ingenieros estructurales diseñaron conectores específicos para resistir cargas gravitatorias y fuerzas derivadas de excentricidades geométricas, respetando además los requisitos normativos vinculados a distancias mínimas y separación entre elementos metálicos. Cada decisión respondió a la intención de preservar tanto la capacidad resistente como la integridad visual de las piezas.

La estrategia constructiva también fue determinante. Las vigas se ensamblaron a nivel de suelo en tramos completos antes de ser izadas mediante grúas, reduciendo trabajos en altura y optimizando tiempos de montaje. La coordinación temprana entre arquitectos, ingenieros estructurales, fabricantes y constructores permitió anticipar interferencias y definir incluso los cortes CNC de fabricación antes de la llegada de los elementos a obra.

Más allá de la resolución puntual de las vigas curvas, el proyecto incorporó conexiones ocultas en múltiples sectores del edificio, desde uniones viga-columna hasta apoyos metálicos disimulados dentro de los paneles de madera masiva. El resultado es una arquitectura donde la estructura se expresa con naturalidad, sin estridencias ni exhibicionismos tecnológicos.

La elección de sistemas de madera masiva también aportó ventajas vinculadas a la sostenibilidad y a la racionalización constructiva. El reemplazo de soluciones tradicionales por paneles estructurales de madera permitió disminuir el peso global del edificio, reducir tareas en obra y simplificar la coordinación entre disciplinas, además de ofrecer mayor flexibilidad para futuras modificaciones del espacio.

Forest Trailhead demuestra cómo la colaboración interdisciplinaria puede transformar un problema técnico complejo en un recurso arquitectónico de gran valor expresivo. En este proyecto, la ingeniería estructural no busca protagonismo, sino precisamente lo contrario: desaparecer para que permanezcan la forma, la luz y la experiencia del espacio.

Fuente de texto e imágenes: Revista Structure, mayo de 2026.