El futuro es ahora

Kevin Aswegan, PE, SE, F.SEI destaca en el editorial de Revista Structure de junio de 2026 las eficiencias estructurales y las mejoras descriptas por Don Dusenberry en su nota titulada “El Diseño Basado en el Desempeño es el Futuro”. Hoy, años después de ese texto original, ese futuro está aquí.

El diseño basado en el desempeño (Performance-Based Design, PBD) es más relevante y crítico en la actualidad que en cualquier otro momento de su historia. Una prueba de ello es la reciente decisión del Instituto de Ingeniería Estructural (SEI) de establecer al PBD como una de sus cuatro nuevas “Iniciativas Estratégicas” (junto con Educación y Liderazgo, Jóvenes Profesionales y SEI 2050) con el objetivo de priorizar recursos y actividades para el futuro inmediato.

El SEI seleccionó al PBD como una Iniciativa Estratégica debido a su capacidad comprobada para mejorar el diseño, reducir el consumo de materiales y optimizar los procesos constructivos, ofreciendo soluciones a algunos de los desafíos más importantes que enfrenta la sociedad relacionados con la sostenibilidad, los costos de construcción y el acceso a viviendas asequibles.

Desde 2019, el PBD ha incrementado notablemente su popularidad e impacto. Si bien tuvo su origen en empresas de diseño de la costa oeste de los Estados Unidos durante la década de 1990 como una metodología para mejorar el comportamiento de las estructuras en zonas sísmicas, el diseño sísmico basado en el desempeño (PBSD) se ha expandido por todo el mundo. Debido a que es reconocido como una metodología de diseño de vanguardia, actualmente se emplea incluso en regiones de amenaza sísmica baja o moderada. En muchas ciudades, el PBD ha dejado de ser considerado un enfoque excepcional para convertirse en el estándar de referencia para edificios altos o estructuras singulares.

La expansión de los principios del PBD hacia amenazas distintas de los terremotos también ha ganado impulso. Con la publicación en 2019 del documento de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles (ASCE), Prestandard for Performance-Based Wind Design (PBWD), y su actualización en 2023, se completó en Austin, Texas, Estados Unidos, el primer proyecto diseñado y construido íntegramente bajo principios PBWD: la Torre ATX. Gracias a la consideración directa del comportamiento estructural no lineal, el proyecto logró importantes ahorros económicos en comparación con los métodos prescriptivos tradicionales.

El diseño prescriptivo basado en códigos presenta ventajas y desventajas. Entre sus beneficios se encuentran la simplicidad, la uniformidad, la amplia aplicabilidad y la facilidad de implementación. Sin embargo, esas mismas ventajas también traen consigo limitaciones inherentes. Debido a que el diseño prescriptivo debe poder expresarse en forma de “lenguaje obligatorio” dentro de los reglamentos de construcción, necesariamente es limitado. No puede contemplar todos los casos posibles y, por lo tanto, constituye una simplificación y aproximación de la realidad. Por el contrario, el diseño basado en el desempeño invierte la lógica tradicional.

En lugar de definir procedimientos paso a paso para cada situación, establece un marco conceptual. Ese marco comienza definiendo el resultado deseado —por ejemplo, la prevención del colapso o la ocupación inmediata después de un evento extremo— y luego trabaja retrospectivamente para alcanzarlo. Al replantear el problema de esta manera, el PBD permite e incluso fomenta la creatividad de los ingenieros estructurales.

Un ejemplo habitual es el sistema de muros estructurales especiales de hormigón armado. Para diseño sísmico, este sistema suele estar limitado a aproximadamente 49 metros de altura —o hasta 73 metros bajo ciertos requisitos específicos— en la mayoría de las zonas de alta sismicidad.

El PBSD ha sido utilizado en cientos de edificios de gran altura para demostrar que las estructuras pueden cumplir satisfactoriamente con los objetivos de desempeño previstos por los reglamentos sin necesidad de ajustarse a cada una de las disposiciones prescriptivas.

El PBD genera un entorno favorable para la innovación, permitiendo incorporar nuevos sistemas constructivos o tecnologías emergentes. Un ejemplo es la tecnología SpeedCore, cuya adopción en la industria fue facilitada mediante enfoques basados en desempeño.

El PBD proporciona una comprensión detallada y exhaustiva del comportamiento esperado de las estructuras. Con la participación de todas las partes interesadas —arquitectos, propietarios, desarrolladores y usuarios— es posible establecer metas de desempeño superiores a las mínimas exigidas por la normativa. Esta situación es frecuente en organizaciones que poseen edificios de larga vida útil, como universidades, hospitales y organismos gubernamentales, cuyos responsables suelen buscar niveles de desempeño estructural superiores a los mínimos reglamentarios.

A menudo el diseño basado en el desempeño es malinterpretado como un simple sinónimo de “análisis avanzado” o “modelado no lineal”. Aunque el PBD puede incorporar técnicas sofisticadas de diseño como parte de su proceso, dichas herramientas son solamente medios y no el elemento fundamental del enfoque. Lo que realmente se necesita es un cambio de mentalidad dentro de la profesión.

Los ingenieros estructurales deben adoptar una visión probabilística del comportamiento estructural y superar los tradicionales enfoques binarios de “aprobado o desaprobado”. En lugar de ello, debemos proporcionar a nuestros clientes la información necesaria para tomar decisiones fundamentadas en la gestión del riesgo. En esencia, el PBD representa un cambio de enfoque: pasar del cumplimiento normativo a la intención normativa.

Dicho de otro modo, en vez de limitarnos a verificar requisitos dentro de una lista de control reglamentaria, debemos demostrar explícitamente que el diseño alcanza los objetivos que el código de construcción busca garantizar. Como advirtió acertadamente Don Dusenberry en su editorial de 2019: “Estamos evolucionando hacia expertos en reglamentos, que agregan valor por su capacidad para navegar la complejidad de las disposiciones prescriptivas con rapidez, en lugar de desarrollar soluciones creativas e innovadoras para problemas multifacéticos.”

Esta situación representa un riesgo para toda la profesión, especialmente frente al avance de la inteligencia artificial, que inevitablemente será capaz de superar a los ingenieros estructurales en tareas como la consulta instantánea de reglamentos y la ejecución de cálculos básicos de ingeniería. El PBD ofrece una oportunidad para aportar un valor mucho mayor a la sociedad como líderes intelectuales y estratégicos, en lugar de actuar únicamente como facilitadores de procesos normativos.

Los expertos desempeñan un papel fundamental para resolver algunos de los mayores desafíos de la industria, reduciendo costos de construcción, acelerando los plazos de ejecución y adaptando los objetivos de desempeño a las necesidades específicas de cada cliente. Como ingenieros estructurales, debemos asumir esta oportunidad de liderazgo no solo porque representa lo mejor para la sociedad, sino también porque constituye el mejor camino para el futuro de nuestra profesión.

Kevin Aswegan, PE, SE, es Principal Senior en la firma de ingeniería estructural y civil Magnusson Klemencic Associates, con sede en Seattle. Además, se desempeña como presidente del Comité de Avance del Diseño Basado en el Desempeño del Structural Engineering Institute (SEI).
Fuente: Revista Structure, junio de 2026.