El renacer de un ícono

La rehabilitación del puente William H. Murray, conocido como Pony Bridge, constituye un caso ejemplar de intervención estructural en una infraestructura histórica, donde la preservación patrimonial se integró con soluciones de ingeniería orientadas a garantizar seguridad y durabilidad.

Ubicado sobre el río South Canadian, en Oklahoma, Estados Unidos, el puente forma parte del histórico corredor de la Ruta 66 y fue inaugurado en el año 1933 como una estructura emblemática del desarrollo vial estadounidense.

Con una longitud total aproximada de 1.200 metros, el puente original estaba conformado por 38 tramos de celosías tipo pony truss, cada uno de 30 metros de luz, dispuestos a ambos lados del tablero. Estas celosías, sin arriostramiento superior, se vinculaban mediante vigas transversales de piso y apoyaban sobre columnas y pilotes tipo caisson de hormigón. El ancho del tablero, de apenas 7,30 metros, respondía a los estándares de tránsito de la primera mitad del siglo XX.

Luego de casi un siglo de servicio, inspecciones realizadas entre 2011 y 2014 identificaron deterioros asociados a corrosión, impactos vehiculares y fatiga estructural, lo que llevó a clasificar al puente como estructuralmente deficiente. En particular, se verificó que las antiguas celosías no podían satisfacer las demandas del moderno tránsito pesado, aun con tareas de mantenimiento intensivo. Frente a este diagnóstico, el Departamento de Transporte de Oklahoma (ODOT) impulsó un proceso de evaluación integral el cual incluyó múltiples alternativas, desde la restricción de uso hasta el reemplazo total de la estructura.

La solución adoptada combinó criterios de conservación histórica con una redefinición completa del sistema resistente principal. Se resolvió conservar las pilas y fundaciones existentes —previo estudio detallado mediante ensayos no destructivos como GPR y mediciones de potencial de corrosión— y reemplazar la superestructura portante por un nuevo sistema de vigas principales de acero laminado, diseñadas conforme a la normativa AASHTO LRFD. Estas vigas, dispuestas a una separación de 2,40 metros, permitieron ampliar el ancho del tablero y mejorar sustancialmente la capacidad portante y la seguridad vial.

El nuevo tablero se ejecutó mediante paneles prefabricados de hormigón de espesor total, conectados monolíticamente a partir de un hormigón de ultra alto desempeño (UHPC). Esta tecnología permitió acelerar los plazos de obra, reducir interferencias ambientales y mejorar el comportamiento estructural global, especialmente en términos de durabilidad, estanqueidad y control de fisuración. El puente se convirtió así en el primero del estado de Oklahoma en emplear paneles prefabricados de profundidad completa vinculados con UHPC.

Las históricas celosías tipo pony truss no fueron descartadas: tras su desmontaje, se sometieron a procesos de limpieza, reparación y repintado, y posteriormente se reinstalaron en el exterior de los nuevos tramos como elementos no estructurales, preservando la icónica imagen del puente. De este modo, las cargas se transfieren íntegramente al nuevo sistema resistente, mientras que el valor patrimonial se mantiene visible y legible para el usuario.

La obra incluyó además intervenciones ambientales específicas para minimizar el impacto sobre el ecosistema del río, hábitat de especies protegidas, mediante el uso extensivo de elementos prefabricados y una planificación cuidadosa de las etapas constructivas. El puente fue reabierto al tránsito en mayo de 2024, anticipándose al centenario de la Ruta 66, y consolidándose como un ejemplo de equilibrio entre ingeniería estructural moderna, conservación del patrimonio y servicio público.

Fuente: Revista Structure, mes de febrero de 2026.