Ingeniería híbrida

La Universidad de Princeton desarrolló un innovador complejo académico basado en sistemas híbridos de madera, acero y hormigón. El proyecto es analizado por Michael Hopper, PE; Rachel Marek, PE; y William Dawson, PE, en un artículo publicado en Structure Magazine en su edición de mayo de 2026.

La ingeniería estructural contemporánea avanza hacia soluciones capaces de integrar eficiencia, sustentabilidad y flexibilidad arquitectónica. Un ejemplo destacado de esta tendencia es el complejo académico desarrollado por la Universidad de Princeton en Nueva Jersey, Estados Unidos, compuesto por los edificios Briger Hall, Commons y la School of Engineering and Applied Sciences (SEAS), una intervención de aproximadamente 62.000 m² concebida bajo una lógica híbrida que combina madera maciza, acero y hormigón.

El proyecto, presentado en la edición de mayo de 2026 de STRUCTURE Magazine, demuestra cómo distintos materiales pueden complementarse estratégicamente según las exigencias funcionales y estructurales de cada sector del edificio. Las áreas de oficinas, espacios comunes y atrios incorporan madera laminada encolada (glulam) y paneles de madera contralaminada, mientras que los laboratorios —con estrictos requerimientos de vibración y rigidez— fueron resueltos mediante estructuras metálicas y sistemas mixtos con hormigón.

Uno de los aspectos más innovadores del complejo es el denominado “diagrid”, un sistema estructural híbrido de acero y madera capaz de cubrir luces bidireccionales de hasta 26 metros. La solución utiliza vigas glulam reforzadas mediante placas metálicas conectadas a nodos de acero, permitiendo reducir la cantidad de elementos y otorgando una fuerte expresión arquitectónica a los espacios interiores.

La estrategia estructural también respondió a los objetivos ambientales de Princeton University. El empleo de madera en sectores visibles del edificio permitió disminuir significativamente la huella de carbono respecto de alternativas convencionales de acero u hormigón. A su vez, el diseño priorizó criterios de análisis de ciclo de vida, eficiencia material y optimización de costos.

Las plantas inferiores y zonas sometidas a grandes cargas fueron ejecutadas en hormigón armado y postesado, especialmente en sectores de transferencia estructural y contención del terreno. El proyecto incluyó además importantes obras geotécnicas, como muros permanentes de soil nailing y anclajes de roca, debido a la compleja topografía del sitio.

Desde el punto de vista constructivo, el emprendimiento requirió una coordinación minuciosa entre disciplinas y contratistas, particularmente en las uniones entre materiales diferentes: acero-hormigón, madera-hormigón y madera-acero. Los autores destacan que estas interfaces constituyeron uno de los mayores desafíos técnicos del proyecto.

Más allá de sus dimensiones, el complejo de Princeton representa un caso paradigmático sobre el futuro de la ingeniería estructural: sistemas híbridos capaces de aprovechar las ventajas específicas de cada material, equilibrando desempeño, sostenibilidad y calidad espacial.

Fuente: Structure Magazine, mayo de 2026. Autores: Michael Hopper, PE; Rachel Marek, PE; y William Dawson, PE.