Aeropuerto modular
Dallas-Fort Worth construye la Terminal F con seis módulos gigantes, el mayor proyecto modular en una terminal aérea.
Un tramo de terreno en la zona sur del Aeropuerto Internacional de Dallas-Fort Worth (DFW) se ha convertido en escenario de uno de los experimentos constructivos más audaces de la aviación estadounidense. En lugar de levantar una terminal desde los cimientos, los equipos están ensamblando seis módulos gigantes —cada uno con la dimensión aproximada de una cancha de fútbol americano— que fueron construidos a casi un kilómetro de distancia y trasladados hasta su emplazamiento final mediante transportadores modulares autopropulsados.
Una vez unidos, estos colosales bloques —comparados por muchos con las piezas de LEGO más grandes del mundo— darán forma a la Terminal F, el primer nuevo espacio que suma DFW en dos décadas. El proyecto, valuado en 4.000 millones de dólares, tendrá 38.000 m2, 15 puertas de embarque (cuatro de ellas para vuelos internacionales de American Airlines), modernos sistemas de equipaje, un área de concesiones ampliada y una imponente fachada curva de vidrio importado de Alemania.
Más allá de su escala, lo que realmente impacta es el proceso. Se trata del proyecto de construcción modular más grande jamás intentado para una terminal aeroportuaria. La iniciativa, denominada Innovation Next+, está liderada por Archer Western y Turner Construction junto con Phillips May, H.J. Russell y CARCON Industries, en alianza con los estudios de arquitectura PGAL, Gensler y GFT, y el ingeniero estructural Rogers DeSimone. A ellos se suman KAI Enterprises y HNTB como socios en la gestión del programa.
El método no es del todo nuevo para DFW: durante la pandemia se ensayó en una ampliación de la Terminal C, la primera vez que un aeropuerto estadounidense utilizaba módulos de este tipo. Aquella experiencia fue la prueba piloto. Ahora, la Terminal F demuestra su potencial a gran escala.
La estrategia aporta una ventaja decisiva: ahorro de tiempo. Al prefabricar los módulos en un espacio dedicado, se construyen en paralelo varios sectores que luego se trasladan casi completos. Eso acelera el cronograma: la obra inició en 2024 y se prevé su finalización sustancial en mayo de 2027, al menos cinco meses antes de lo que permitirían los métodos tradicionales.
La conclusión temprana también significa ingresos antes de lo previsto. “Si entrego un edificio seis meses antes, los restaurantes, bares y librerías están operando seis meses antes. Las aerolíneas utilizan las puertas y comienzan a pagar alquiler antes. Todos ganan con llegar más rápido”, explicó Tim Hudson, director global de aviación en Gensler.

No obstante, la modalidad también plantea desafíos: exige una planificación minuciosa y mayores costos iniciales. Ingenieros estructurales y contratistas deben involucrarse desde las primeras etapas, los materiales se compran antes de lo habitual y la obra avanza como una reacción en cadena: el acero conduce rápidamente a los sistemas mecánicos, que a su vez obligan a ordenar el equipamiento sin demora. Pero una vez definido el plan, los trabajos avanzan con velocidad.


























