Línea y paisaje sobre el Cervol
En la desembocadura del río Cervol, en Vinaròs, una pasarela peatonal y ciclista redefine un borde degradado y restituye la continuidad del paseo marítimo. Con un único vano de 50 metros y una solución estructural tipo banda tesa de notable esbeltez, la obra integra paisaje e infraestructura.
En la desembocadura del río Cervol, en Vinaròs, al norte de la provincia de Castellón, España, el nuevo puente proyectado por SBP Ingenieros junto a Burgos & Garrido Arquitectos restituye la continuidad interrumpida del paseo marítimo y transforma un ámbito residual en un espacio reconocible y accesible.
La intervención, distinguida con el Premio Hábitat en los Premios ARQUITECTURA 2025, resuelve la fractura entre ambas orillas generada por las infraestructuras hidráulicas y la canalización del cauce, evitando el desvío de cuatrocientos metros hasta el Pont de Sant Nicolau, concebido principalmente para tráfico vehicular.
La propuesta asume deliberadamente un perfil bajo y horizontal para no competir con el puente existente aguas arriba ni con el protagonismo del Mediterráneo. El resultado es una “línea” casi invisible sobre el horizonte, paralela a la costa, que actúa como balcón suspendido frente al mar.
El sistema estructural adoptado, una banda tesa de 50 metros de luz, permite materializar un tablero de extraordinaria esbeltez mediante dovelas prefabricadas de hormigón armado de apenas 12 cm de espesor, que funcionan simultáneamente como estructura y pavimento. Dos platabandas de acero de 700 por 14 mm absorben los esfuerzos principales, mientras que la cimentación de hormigón armado sobre micropilotes profundos asegura el comportamiento en un terreno de gravas y arenas expuesto a un ambiente marino altamente agresivo.
La economía de medios —pocos materiales, detalles precisos y mantenimiento simplificado— refuerza el carácter liviano de la obra. Las barandillas, resueltas con pletinas y malla de acero inoxidable, se adaptan a los distintos usuarios: más baja hacia levante, donde un pasamanos de madera de ipe aporta escala y confort al peatón; más alta hacia poniente, con 1,30 m de altura, para brindar mayor protección a los ciclistas.
En la escala territorial, el puente enlaza los recorridos peatonales y ciclistas que bordean el Mediterráneo hacia el norte y el sur, y en la escala local articula dos pinares: el existente al sur, ya consolidado, y uno nuevo al norte, implantado sobre una superficie horizontal continua con Pinus halepensis y Pinus pinaster.
Este pequeño bosque, atravesado por un camino pavimentado que conecta con el carrer Boverals, incorpora mobiliario robusto de piedra caliza, en sintonía con el espigón de la desembocadura. Taludes vegetados con tamarindos y sabinas, junto a una escollera de protección, completan la integración entre infraestructura, paisaje y espacio público.
Así, lo verde, lo ciudadano y lo estructural se funden en una operación unitaria capaz de recuperar un sitio degradado sin borrar su condición abierta y disponible, demostrando cómo una decisión estructural precisa puede convertirse en herramienta de regeneración urbana y paisajística.





























