Chicago en altura

La ciudad de Chicago en los Estados Unidos vuelve a redefinir su perfil urbano con la construcción de 400 Lake Shore Drive, un complejo residencial compuesto por dos torres gemelas de casi 275 metros de altura emplazadas sobre el predio donde se proyectó el frustrado Chicago Spire.

Ubicado en la confluencia del río Chicago con el lago Michigan, el proyecto se dispone en una de las zonas con mayores solicitaciones eólicas de la ciudad. Por ello, el comportamiento frente al viento fue uno de los principales condicionantes del diseño estructural desde las primeras etapas del proyecto. Más allá de su escala, el desarrollo constituye un destacado ejemplo de integración entre arquitectura, ingeniería estructural, reutilización de infraestructura existente y tecnologías digitales aplicadas a la construcción.

Los ingenieros estructurales del Estudio Skidmore, Owings & Merrill (SOM) llevaron adelante un exhaustivo programa de ensayos en túnel de viento para optimizar la geometría de las torres, especialmente en sus niveles superiores, donde las acciones eólicas alcanzan su máxima intensidad. La configuración escalonada de los edificios y las terrazas que descienden sobre las fachadas orientadas hacia el este alteran el flujo del aire, disminuyen las presiones sobre la envolvente y reducen las aceleraciones percibidas por los ocupantes, además de generar amplios espacios exteriores para los residentes.

A diferencia de numerosos edificios de gran altura que incorporan amortiguadores de masa sintonizada para controlar las oscilaciones, el complejo adopta una estrategia estructural diferente basada en un sistema continuo de cinturones y outriggers integrado al edificio. Muros de hormigón armado conectan el núcleo central con la estructura perimetral, incrementando significativamente la rigidez global y la resistencia frente a las cargas laterales.

Uno de los componentes más exigentes del sistema es el gran muro cinturón ubicado en el nivel 44, cuya ejecución demandó aproximadamente 300 m³ de hormigón, unas 68 toneladas de acero de refuerzo, más de 1.100 m² de encofrados y la incorporación de 24 aberturas destinadas a la futura instalación del muro cortina.

El proyecto también se destaca por el aprovechamiento de la infraestructura preexistente. En lugar de ejecutar un sistema de fundaciones completamente nuevo, los ingenieros reutilizaron parte de las obras construidas para el cancelado Chicago Spire, incluyendo 20 pilotes perforados en roca de tres metros de diámetro que ya se encontraban ejecutados en el terreno.

La nueva disposición del núcleo estructural fue cuidadosamente diseñada para alinearse con estas fundaciones existentes, permitiendo reducir tanto los costos de construcción como el impacto ambiental asociado a nuevas excavaciones. Antes de iniciar las obras fue necesario extraer más de 75 millones de litros de agua acumulados durante años en la excavación abandonada.

Las herramientas digitales desempeñaron un papel central durante la ejecución de la obra. La metodología Building Information Modeling (BIM) y los procesos de coordinación virtual permitieron gestionar la elevada densidad de armaduras, instalaciones embebidas y componentes de fachada propios de un edificio de esta complejidad.

Asimismo, el empleo de drones para el escaneo periódico de las losas antes de cada etapa de hormigonado facilitó comparar el estado real de la construcción con el modelo digital, detectando posibles desviaciones antes del vertido del hormigón y reduciendo la necesidad de correcciones posteriores.

Las condiciones del emplazamiento representan otro importante desafío para el equipo de ingeniería estructural. Rodeado por el lago Michigan, el río Chicago, importantes arterias viales y edificios residenciales, el proyecto exigió una planificación logística extremadamente precisa. Las características de viento continúan condicionando las secuencias constructivas y las operaciones de izado, al punto que determinadas tareas solo pueden ejecutarse una vez que los sectores correspondientes quedan protegidos mediante la instalación del muro cortina.

Según informó el equipo responsable de la obra, el proyecto ya superó 1,5 millones de horas de trabajo con menos de diez incidentes registrables, un indicador que refleja el nivel de planificación, coordinación y control implementado durante la construcción.

Una vez finalizado, 400 Lake Shore Drive incorporará dos nuevas torres residenciales al frente costero de Chicago y se convertirá en un caso de referencia para la ingeniería estructural contemporánea, al demostrar cómo el diseño arquitectónico, el análisis avanzado frente al viento, la reutilización de fundaciones existentes y las tecnologías digitales pueden integrarse eficazmente en el desarrollo de edificios de gran altura.