Templo de Salt Lake

La restauración del histórico Templo de Salt Lake incorpora una de las intervenciones de ingeniería sísmica más complejas realizadas sobre un edificio patrimonial. El proyecto combina aislación de base, postesado y restauración arquitectónica para preservar el monumento.

Un ambicioso proyecto de restauración y estabilización sísmica se encuentra en su etapa final en el histórico Templo de Salt Lake, ubicado en Salt Lake City, Utah, Estados Unidos. El edificio, un ícono del estilo neogótico con una superficie de aproximadamente 35.500 m², fue inaugurado en 1893 tras cuatro décadas de construcción. Hoy, más de 130 años después, atraviesa la intervención estructural más importante de su historia con el objetivo de mejorar su comportamiento frente a los terremotos sin alterar su valor patrimonial.

Situado en una zona de elevada actividad sísmica, próxima a la falla de Wasatch, el templo requería una solución que incrementara su resiliencia sin comprometer los materiales y técnicas constructivas originales. Para ello, el proyecto integra la restauración de los espacios históricos con la modernización de las instalaciones electromecánicas y sanitarias, además de un sofisticado refuerzo estructural.

La estrategia de ingeniería adoptada consiste en incorporar un sistema de aislación sísmica de base, capaz de desacoplar el movimiento del terreno respecto de la estructura durante un sismo. De esta forma, el edificio podrá desplazarse de manera controlada, reduciendo significativamente las fuerzas transmitidas a su histórica mampostería.

Uno de los mayores desafíos fue ejecutar esta intervención sin retirar la fundación original de piedra arenisca. En su lugar, los ingenieros desarrollaron un procedimiento que permitió transferir progresivamente el peso del edificio hacia un nuevo sistema de apoyo aislado, preservando íntegramente la fundación existente.

Para lograrlo, se excavó aproximadamente 5 metros por debajo de la base original, construyéndose una nueva plataforma estructural bajo el templo. Mediante la técnica de jack and bore (hincado y perforación simultánea), se instalaron tuberías horizontales de acero reforzado bajo la estructura. Posteriormente, estas conducciones fueron armadas con acero de refuerzo, cables de postesado e inyecciones de grout, conformando el camino de transferencia de cargas hacia las nuevas vigas de hormigón armado.

El nuevo sistema incorpora 98 aisladores sísmicos, diseñados para soportar cargas superiores a 3.600 toneladas cada uno. Estos dispositivos permitirán que el edificio pueda desplazarse hasta 1,50 metros en cualquier dirección horizontal durante un terremoto, disminuyendo considerablemente la demanda sísmica sobre la histórica estructura.

La complejidad del proyecto también estuvo determinada por el enorme peso del templo, estimado en 84.000 toneladas, y por la naturaleza de sus materiales constructivos. La fundación está compuesta por piedra arenisca, mientras que el edificio fue levantado con monzonita cuarzosa, una roca de características similares al granito extraída de canteras cercanas. Ambos materiales poseen un alto valor patrimonial, aunque presentan una respuesta frágil frente a las solicitaciones sísmicas, lo cual exigió soluciones especialmente cuidadosas.

La instalación de las tuberías de acero bajo la fundación constituyó una de las tareas más complejas de la obra. Grandes bloques de roca desviaban continuamente el recorrido de las perforaciones, obligando a los operarios a ingresar manualmente dentro de las tuberías para retirar los obstáculos mediante herramientas neumáticas antes de continuar el avance. La precisión era crítica, ya que los cables verticales de postesado provenientes de los muros del templo debían alinearse exactamente con el nuevo sistema estructural de transferencia de cargas.

Mientras los trabajos estaban en marcha, en marzo del año 2020, un terremoto de magnitud 5,7 afectó el valle de Salt Lake. El evento provocó desprendimientos de mampostería en las agujas del templo y permitió verificar el comportamiento real de la estructura, aportando información valiosa para perfeccionar el diseño. Como consecuencia, los ingenieros estructurales sumaron marcos internos de acero en las torres y los vincularon mediante nuevos cables de postesado, incrementando su capacidad resistente frente a futuros movimientos sísmicos.

El proyecto del Templo de Salt Lake constituye un importante ejemplo de cómo las tecnologías contemporáneas de ingeniería sísmica pueden aplicarse a edificios históricos sin sacrificar su autenticidad arquitectónica. La combinación de aislación de base, postesado, excavaciones profundas, vigas de transferencia y restauración patrimonial demuestra que es posible preservar construcciones emblemáticas y, al mismo tiempo, prepararlas para enfrentar las exigencias sísmicas del futuro.

La intervención se perfila como un referente internacional en la aplicación de soluciones estructurales avanzadas al servicio de la conservación del patrimonio construido.