Forma y resistencia

Dos intervenciones en San Francisco, Estados Unidos, fueron publicadas en nuestra Revista IE 83. Los mismos recuperan a la estructura como protagonista del proyecto arquitectónico. Frente a edificios existentes, restricciones y exigencias sísmicas, se abre paso la ingeniería estructural.

La relación entre arquitectura y estructura ha definido históricamente buena parte de la expresión de los edificios. La firmeza, una de las tres virtudes formuladas por Vitruvio junto con la utilidad y la belleza, no representaba solamente una condición técnica: participaba directamente de la forma. Dos intervenciones realizadas en San Francisco recuperan esa idea y muestran cómo la ingeniería estructural puede transformarse en una herramienta capaz de orientar el proyecto.

Los casos corresponden a actuaciones sobre construcciones existentes, implantadas en sectores urbanos consolidados y sometidas a condicionantes patrimoniales y sísmicos. En ambas experiencias, la estructura no aparece como una respuesta posterior a una arquitectura previamente definida, sino como parte esencial de las decisiones de diseño.

El primer proyecto corresponde a la ampliación de la Cathedral School for Boys, situada junto a Grace Cathedral, en Nob Hill. El edificio original, construido durante la década de 1960, posee una estructura de hormigón armado con losas tipo waffle y columnas del mismo material. La necesidad de reorganizar las aulas y sumar nuevos espacios planteó una intervención particularmente delicada por encontrarse dentro de un entorno de valor histórico.

La ampliación, de aproximadamente dos plantas, se ubicó entre la escuela existente y la catedral. Para evitar nuevas fundaciones en un sector de difícil intervención, la nueva construcción se apoyó sobre la terraza de hormigón existente. Esta decisión condicionó inmediatamente el sistema resistente: era necesario minimizar las cargas adicionales, por lo que se adoptó una estructura liviana de acero, organizada mediante luces relativamente cortas.

Las exigencias sísmicas agregaron complejidad. Algunos muros de corte de hormigón existentes fueron reforzados, mientras que los nuevos pisos, resueltos mediante losas livianas sobre deck metálico, funcionan como diafragmas encargados de transmitir las acciones horizontales hacia el sistema resistente original.

La solución permitió, al mismo tiempo, conservar la transparencia buscada para la fachada orientada hacia la catedral. Grandes superficies vidriadas favorecen el ingreso de iluminación natural y transforman la ampliación en un nuevo espacio de encuentro para la comunidad educativa. El muro cortina prefabricado, resuelto con perfiles de aluminio en tonalidades verde pálido, establece un vínculo contemporáneo con el entorno sin intentar reproducir su arquitectura histórica.

La ejecución exigió una cuidadosa relación entre estructura nueva y existente. Algunas columnas debieron coincidir con los apoyos originales, mientras otras atravesaron aberturas realizadas en el parapeto de la cubierta. Incluso fue necesario sustituir una viga de transferencia existente por otra de acero de mayor capacidad, operación que demandó apuntalamientos y un estricto control de las cargas durante la construcción.

El segundo caso, 1 Kearny, plantea un problema diferente. El edificio original, construido en 1902 como sede del Mutual Savings Bank, posee una estructura metálica revestida con piedra arenisca y terracota. Su buen comportamiento durante el terremoto de 1906 permitió que continuara en servicio durante décadas.

En los años sesenta se incorporó un anexo de hormigón armado con rígidos muros de corte alrededor de los núcleos de circulación. La combinación entre ambas construcciones generó posteriormente un comportamiento sísmico poco favorable debido a las diferencias de rigidez entre los sistemas.

La adquisición de una parcela contigua permitió desarrollar una nueva ampliación de diez niveles que, además de completar el frente urbano, se convirtió en parte de la solución estructural. La nueva pieza funciona como una suerte de “sujetalibros” sísmico, colaborando en la estabilización tanto del edificio histórico como del anexo existente.

Para conseguirlo se utilizaron pórticos de acero resistentes a momento, que trabajan conjuntamente con los muros de corte existentes. En el sector central se incorporó además un sistema de arriostramiento responsable de aportar aproximadamente la mitad de la resistencia lateral del conjunto. La estrategia permitió distribuir de manera más equilibrada las acciones sísmicas entre las distintas estructuras.

La arquitectura expresa esta integración sin imitar literalmente el edificio histórico. Los nuevos pórticos se recubrieron mediante una fachada ventilada de terracota, recuperando un material presente en la construcción original, pero utilizado con un lenguaje contemporáneo. El resultado articula edificios correspondientes a tres períodos diferentes dentro de una composición común.

Ambas intervenciones demuestran que la estructura puede ser mucho más que el soporte resistente de una arquitectura. En contextos densos, sísmicos y patrimonialmente sensibles, puede definir dónde apoyar, cuánto construir, cómo ampliar y de qué manera relacionar lo nuevo con lo existente.

Estos proyectos recuperan así una relación esencial entre ingeniería y arquitectura: cuando ambas disciplinas participan conjuntamente desde las primeras decisiones, la estructura deja de ser una limitación para convertirse en una herramienta de proyecto. Firmeza, utilidad y belleza vuelven entonces a encontrarse, bajo las condiciones y posibilidades técnicas de la ciudad contemporánea.

Fuente de texto e imágenes: Revista Structure, marzo de 2026.