Puente resiliente

El Puente Colgante de Santa Fe “Ingeniero Marcial Candioti”, símbolo indiscutido del paisaje urbano y orgullo de la ingeniería nacional, constituye mucho más que una postal: conforma un testimonio vivo de una historia marcada por desafíos técnicos, desastres naturales y una voluntad de cambio.

El proceso constructivo del Puente Colgante “Ingeniero Marcial Candioti”, plagado de intentos fallidos y soluciones innovadoras, ofrece un fascinante recorrido por la evolución de las técnicas de infraestructura hídrica en Argentina durante la primera mitad del siglo XX.

La necesidad original respondía a un objetivo vital: cruzar la boca de la laguna Setúbal para garantizar el abastecimiento de agua potable a la ciudad de Santa Fe, mediante un acueducto desde el río Colastiné. En 1904 se construyó un primer puente de madera dura con doble función —acueducto y paso vehicular—, pero fue destruido por una inundación en el año 1905. Luego, en 1909, se habilitó un nuevo puente exclusivamente para la conducción de agua, con estructura metálica mixta, que resistió sólo tres años.

A lo largo de las dos décadas siguientes se sucedieron múltiples proyectos frustrados: en 1915, una estructura íntegramente metálica fue descartada por la suba de precios durante la Primera Guerra Mundial; en 1917, un puente de hormigón armado resultó inviable por su elevado costo. Incluso los trabajos iniciados entre 1919 y 1920 terminaron arrasados por una nueva crecida del río en 1921, cuando apenas se había completado parte del pilotaje y un puente provisorio.

Recién en 1922, bajo el liderazgo del Ing. Marcial Candioti, entonces presidente de Obras Sanitarias de la Nación, se delineó el proyecto definitivo. Encargado al Ing. Antonio Paitoví, el diseño proponía un puente semirrígido de tres tramos que aprovechaba fundaciones preexistentes.

La obra civil —pilares, estribos, anclajes y muros de albañilería— fue ejecutada por administración; la estructura metálica fue licitada internacionalmente y adjudicada a la firma francesa Wattine Bossut Et Fils, integrada a la Société des Chantiers et Ateliers de la Gironde y al especialista en puentes colgantes M.G. Leinekugel Le Cocq.

Las torres metálicas, prefabricadas en Francia, fueron montadas in situ sobre apoyos móviles de acero fundido. A partir de allí, se tendieron los cables principales, se montó el tablero metálico, se instalaron las cañerías bajo las veredas y se completaron los pisos peatonales y el entablonado de calzada vehicular.

En 1924, una bajante extraordinaria en el río forzó la puesta en funcionamiento anticipada del acueducto, y el puente fue oficialmente habilitado el 8 de junio de 1928. Desde entonces, lleva el nombre de su impulsor: “Ingeniero Marcial Candioti”.

Esta obra no solo resolvió una necesidad técnica esencial para la ciudad, sino que se convirtió en un referente nacional de ingeniería sanitaria y estructural. En reconocimiento a su valor histórico y cultural, fue declarado Monumento Histórico Nacional por Decreto Nº 1.669/2014.

Fuente: “Ingeniería Argentina: obras, ideas y protagonistas”, Consejo Profesional de Ingeniería Civil. Autores: Arq. Oscar Grandoso y Arq. Gustavo Di Costa.