Revolución verde

Se estima que el 75 % de la infraestructura necesaria para 2050 aún no ha sido construida, lo que equivale a unos 240 millones de m² de nueva superficie. La industria de la construcción enfrenta una oportunidad sin precedentes.

El desafío es enorme: actualmente el sector aporta alrededor del 21 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y en 2022 los edificios fueron responsables del 37 % de las emisiones de CO₂ vinculadas a energía y procesos.

La sostenibilidad en la construcción no se limita a tecnologías puntuales como la trazabilidad de materiales o la circularidad. Requiere integrar los principios centrales de la gestión de proyectos —alcance, costo y tiempo— con criterios ambientales. Evitar reprocesos y desperdicios, cumplir con los objetivos definidos y mitigar riesgos demuestra que la sostenibilidad no es un agregado, sino una parte esencial del ciclo de vida de cada proyecto.

Para responder a las crecientes demandas de la construcción sostenible, las organizaciones están abandonando los modelos tradicionales en compartimentos estancos y adoptando esquemas de gestión colaborativa, donde la comunicación y el intercambio de datos entre todos los actores son centrales. Este enfoque compartido fortalece la comprensión de los objetivos, facilita el cumplimiento de metas ambientales y reduce errores, reprocesos y generación de residuos, aportando beneficios ambientales y ahorros económicos.

El Integrated Project Delivery (IPD) y otros modelos de riesgo y beneficio compartido ganan terreno, incorporando tanto a los equipos internos como a socios y contratistas externos en un ecosistema más cohesionado. Aquí, el Building Information Modeling (BIM) cumple un rol clave: centraliza la información y permite que equipos de obra y oficina trabajen en tiempo real, reduciendo discrepancias y optimizando recursos.

La sostenibilidad también depende de una planificación rigurosa. Herramientas como el Critical Path Method (CPM) y sistemas de gestión de tareas integrados ayudan a controlar cronogramas, presupuestos e impactos ambientales. Los proyectos mal gestionados suelen generar retrasos, mayores costos y un uso ineficiente de recursos, lo cual incrementa residuos y huella ambiental.

El software avanzado de planificación suma funciones de nivelación de recursos, evitando desperdicios y maximizando la productividad. El control granular de tareas, apoyado en datos en tiempo real, habilita decisiones proactivas capaces de reducir demoras e incrementar la eficiencia.

La inteligencia artificial y el aprendizaje automático potencian aún más la eficiencia: optimizan el uso de materiales, anticipan retrasos y mejoran los flujos de trabajo. Aplicada en la etapa de preconstrucción, la IA permite estudios de factibilidad más completos que incluyen impacto ambiental, además de costos y riesgos. También colabora en la selección de materiales más duraderos y sostenibles, equilibrando desempeño y reducción de huella.

La industria acelera la adopción de métodos innovadores como la prefabricación y la construcción modular, responsables de acotar desperdicios en obra y reducir plazos, junto al uso de materiales reciclados y sostenibles. Más que nuevas tecnologías, se trata de un cambio cultural: pasar de procesos lineales y fragmentados a flujos colaborativos que priorizan la optimización de recursos y la reducción de residuos en todo el ciclo de vida del proyecto.

El futuro de la construcción sostenible depende de integrar estrategias de reducción de CO₂, no como un requisito adicional, sino como garantía de viabilidad a largo plazo.